¿Qué es la conciencia corporal? ¿Cómo mejorarla para bailar bien?

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Los sentimientos se expresan en el cuerpo constantemente. Se ve en la piel: enrojecemos, palidecemos. Se observa en los gestos y en el rostro: nuestros ojos brilllan de alegría, nos llevamos las manos a la cara cuando estamos asustados. Cada emoción intensa, cada miedo o angustia, pequeñas preocupaciones físicas o psíquicas, dejan una huella en el cuerpo que se puede reflejar en forma de dolor o enfermedad. Tomar conciencia es aprender a conocerse y cuidarse, para pasar por la vida en equilibrio y armonía.

Entender esto es lo primero que debemos aprender. Descubramos cuáles son nuestras declaraciones y creencias y los cambios que experimentaremos serán más profundos y definitivos. No pretendemos juzgar el cuerpo. Estamos aquí para comprenderlo mejor y cuidarlo.

Cuando nos enfocamos en despertar la conciencia de ser, el cuerpo pocas veces está invitado.

Este enfoque incita a integrar una nueva coherencia de existencia; una existencia con un cuerpo propio. El cuerpo mismo es nuestro manifiesto de existencia. Con él somos y podemos expresarnos.

Este enfoque no es inocente, ya que implica dejar de lado la responsabilidad que nos asiste de cuidar lo que heredamos, más allá de llevarlo al médico cuando enferma, como llevamos el coche al mecánico cuando falla. Debemos escuchar a nuestro cuerpo y sus reacciones para conseguir que nuestro motor vaya ligero, evitar averías y aprovechar al máximo su rendimiento.

Éste es el primer paso hacia una vida mejor.

Cada uno de nosotros es un particular observador de sí mismo. Lo es por la manera en que está, o no, presente en su cuerpo. Aprender a escucharnos y a sentir nuestras sensaciones corporales, y emociones nos permite una mayor conciencia de nosotros mismos y de nuestra transformación.

Ejercicios conciencia corporal

1. Enraizar

Al principio, el enraizamiento puede echarte para atrás. Porque, cuando empiezas a aplicarlo, te surgen agobios, las piernas te vibran, sientes que no te aguantarán, te pones a llorar y un sinfín de sensaciones que no son nada agradables.

Es normal. A todo el mundo le pasa. Porque no estamos arraigadas a la tierra o conectadas al cuerpo, como prefieras llamarlo. Con este ejercicio, pones tu mundo boca abajo y te obligas a soltar las tensiones que hay en la parte superior del cuerpo.

Sin embargo, con la práctica continuada, tus percepciones cambiarán. Te habrás acostumbrado a la postura y será una forma de conectarte contigo misma y relajarte. Te lo prometo. Después de muchos años practicándolo de forma regular, puedo ponerme a llorar mientras lo hago. Pero, al subir, noto cómo he soltado tensiones y me siento mucho mejor.

De verdad, es el mejor ejercicio de todos. Soy fan de él.

Como te he dicho, sólo necesitas 7 minutos al día. 1 minuto para reconocer tu postura, 5 con el tronco y la cabeza boca abajo, 1 para subir y observar tu estado emocional. Si quieres, puedes ponerte un reloj al lado.

2. Mueve tu cuerpo como te apetezca

Si tienes más de 7 minutos, puedes seguir moviéndote libremente. Para hacerlo, tienes dos opciones. Puedes practicar algún ejercicio que hayas decidido antes o bien puedes moverte en base a lo que sientas tras el enraizamiento.

Como tu cuerpo y estado emocional no son siempre los mismos, te recomiendo que vayas cambiando en base a lo que desees cada día. Por ejemplo, en mi caso, hay días que quiero ponerme música y bailar, otros quiero descubrir la emoción que hay en mí u otros quiero recuperar mi energía vital. O cambio la Terapia de Movimiento por el Yoga.

Para que el paso del enraizamiento a este segundo apartado sea fluido, puedes empezar andando por el lugar en el que te encuentras tomando consciencia de tu cuerpo y sentimientos. Si, al hacerlo, te das cuenta de que prefieres hacer algo diferente a lo que te habías planteado en un inicio, hazlo. Tu cuerpo sabe lo que necesitas y en ese momento te lo estará diciendo.

En cuanto al tiempo de dedicación para esta segunda parte, lo mejor es que te tomes todo lo que quieras. Si necesitas 15 minutos, que sean 15. Si necesitas 1 hora, 1 hora. Si vas un poco justa, pero quieres moverte, haz 10.

3. Siéntate durante 5 ó 10 minutos a meditar

La práctica regular de la meditación ha entrado y salido de mi vida varias veces. Últimamente, el cuerpo me pide profundizar en ella. Por eso, cuando me siento colmada de movimiento, cojo un libro gordo sobre el que sentarme y me pongo a meditar.

Meditar no es dejar la mente en blanco. Es centrar tu atención en algo para detener el bombardeo constante de mensajes que hay en tu cabeza. Al principio, te sentarás (en el suelo o en una silla) y los pensamientos no dejarán de acudir a ti. Es normal. Cuando te ocurra, vuelve a centrar tu atención en aquello que hayas escogido.

Para empezar, puedes observar tu respiración. Ahí donde la sientas y te vaya bien: en el vientre, en el pecho, la garganta o debajo de la nariz.

La conciencia corporal

Silvia Escribano,

socia directora de ISAVIA Consultores

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